Hay catástrofe, entonces, cuando las relaciones dominantes de poderosos actores — como el Estado, empresas transnacionales y otras instituciones públicas o privadas — optan por prácticas extractivas que conducen a la destrucción ecológica o cultural. Lo que se pierde o se erosiona incluye recursos hídricos, minerales, energéticos, pero también saberes ancestrales, prácticas comunales, economías vivas y formas de autodeterminación. Al final, no son casos aislados, sino tramas interconectadas que forman parte del propio metabolismo planetario. La crisis en un mundo occidentalizado — el antropoceno, si la miramos desde la caída ecológica; el capitaloceno, si ponemos la economía en el centro del análisis; el colapso, si nos acercamos a la rápida erosión de los campos sociales, políticos, económicos, industriales y morales — termina convirtiéndose también en un metaconcepto para el juego geopolítico de la catástrofe. Esto es precisamente lo que nos permitieron reflexionar los artículos que componen este dossier. En lugar de insistir en mostrar la imagen del decaimiento civilizatorio de Occidente, nos pareció más productivo preguntar para quién y dónde la catástrofe ya es una experiencia presente.

Noda Ramírez, Eder J. y Monika Streule (2026) Editorial. Futuros posibles desde el presente catastrófico: Gobernanza, extractivismo y capitalismo racial, Iberoforum 6.2, 1–16. DOI: 10.48102/if.2026.v6.n2.544

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